India. Ruta de 21 días por Kerala y Rajastán.

India. Ruta de 21 días por Kerala y Rajastán.

Y llegó el momento de visitar el país que todo viajero tiene que conocer. En nuestra mente viajera nunca estuvo este destino, pero al planear dos meses y medio de viaje por Asia, sabíamos que ese día estaba había llegado ya que es un must go que teníamos que tachar de nuestra lista. Nos alegramos de que haya sido en este viaje, ya que pensamos haber dedicado dos semana de vacaciones a este país y nos hubiéramos cabreado mucho. Sí, ya vais intuyendo que India no ha sido un país que nos haya enamorado, pero sabemos que es una de las mecas viajeras y queremos contar como fueron nuestros 21 días allí.

A tener en cuenta antes de llegar…

Volamos desde Dubai a Kochin con Emirates. Queríamos empezar India por una zona más light, y no llevarnos el fuerte impacto que hay en el norte del país.

Para comenzar el viaje, lo primero que hacemos siempre es comprar una tarjeta SIM para movernos por el país. En este caso nos ha llamado mucho la atención el precio, unos 7€ al mes con 1,5GB al día. La compramos en el mismo aeropuerto, por lo que en la calle debe de costar menos aún. También un dato, para moveros por allí muy barato y sin regateos se usa OLACAB (funciona como nuestro Uber).

Otro consejo para comenzar en este país es el tema del cambio de dinero. No es fácil encontrar una casa de cambio, y los cajeros no dan grandes cantidades (más de 10.000 rupias nunca nos dieron). Para este viaje hemos contado con la tarjeta Bnext, una tarjeta monedero con la que puedes sacar dinero hasta 3 veces al mes sin comisión en el extranjero. Si estáis planeando ya un viaje para verano, acaban de sacar una promo súper interesante. Bnxt además de tarjeta ofrece seguro de viajes con Intermundial, muy fácil de contratar a través de su app. Mirad:

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Proceso de contratación seguro de viajes Intermundial.

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Comenzamos en Kerala y sus backwaters.

No se si conocéis Sri Lanka, pero el sur de India nos recordó ese maravilloso país. Y Kochin nos dio un aire a Galle. Tiene algo que no sabemos explicar, con mucho encanto. Hay que señalar que India no destaca por ser un país con buenos hoteles, sean baratos o caros, o con muchas estrellas. El standard de calidad es muy bajo.

Esto ya lo observamos en el sur. Riviera Suite fue nuestro primer hotel en este país, situado en Fort Kochi. Está retirado del centro turístico, es caro y en la descripción señala que cuentan con piscina pero no es así, la comparten con unos apartamentos cercanos y si tenéis suerte lo mismo ese día está abierta. Nosotros optamos por pasar una noche aquí y poner rumbo a la zona donde se toman los houseboats en los canales de Alappuzha. ¿De qué estamos hablamos? Pues de unas casas-barco que recorren unos canales preciosos, descubriendo los manglares y arrozales de la zona. Antiguamente, la utilidad de estos barcos era el transporte de arroz. Suele estar todo incluido, ya que se hace todo dentro del barco. Nosotros al desplazarnos hasta allí pudimos ver in situ muchos de ellos, y tras recibir varias ofertas, nos decidimos por uno que ya teníamos anotado en Booking.com.

Nuestra casa-barco.

Thara’s Eco Houseboat es un barco ecológico que funciona con energía solar para un máximo de 4 personas hecho de bambú y MUY silencioso. ¿Es importante eso? Sí, mucho. Cuando navegábamos solos, podíamos notar los ruidos de la naturaleza, y nada más. En cambio, cuando nos cruzábamos con otros, el ruido de los motores no hacía nada agradable el momento. Es una actividad cara (el nuestro fue de 95€ la noche), pero merece la pena.

Irene sentada en la casa barco con palmeral de fondo
En la casa-barco Thara´s Eco Houseboat.
Manolo e Irene con la casa barco de fondo atracado en un muelle.
Backwater con casa-barco de fondo.

Llegamos a India el 24 de enero, y al hacer un calor excesivo en la región de Kerala y no tener rumbo ni planes, decidimos quedarnos dos noches cerca de la playa, y es que un playeo en pleno invierno español nos da la vida.

Nos alojamos en Beachway Inn, un b&b modesto(unos 8€ la noche), pero con unos dueños adorables y encantadores que nos recibieron con snacks caseros y café y que más tarde nos suministraron cervezas 🍻. El hotel se encuentra a diez minutos a pie de la playa Alappuzha, donde como curiosidad nadie se quita la ropa (ni para bañarse) por lo que nosotros hicimos lo mismo. El socorrista vino en nuestra ayuda para indicarnos que si queríamos quedarnos en traje de baño debíamos andar unos 100 metros para estar lejos de las miradas de los locales. Welcome to India!

También a unos veinte minutos en moto (único lugar donde alquilamos moto y que creemos que se podía medio conducir), se encuentra Marari Beach. Esta playa nombrada como la más bonita del mundo según la revista National Geographic no es de aguas cristalinas, pero si tiene una bonita foto de una playa de arena fina con un gran palmeral. Pero por desgracia, esta imagen idílica se ve una vez más manchada por la plaga de plástico que nos afecta a nivel global.

Manolo e Irene en la playa Allapuzha con palmeral de fondo
Alappuzha Beach.
Manolo e Irene en una playa bonita con palmeral de fondo
Marari Beach.

Fort Kochi.

Como ya hemos comentado antes, Fort Kochi merece una parada si estás por la zona, y San José Homestay un buen sitio para alojarse en el mismo centro.

¿Qué hacer un día en esta ciudad? Podrás visitar la Catedral de la Santa Cruz, la Basílica de San Francisco (primer misionero cristiano en estas tierras y donde estuvo enterrado el marino portugués Vasco de Gama), el famoso paseo marítimo, con sus redes chinas para pescadores (nos horrorizó de nuevo el plástico). Además de sus graffitis de las alas que aparece en redes sociales, hicimos una parada en Loving Earth Yoga Café. Es un sitio donde no parece que estés en India. Todo limpio y ordenado, con un amplio surtido de la actual moda de #realfooder. Zumos recién exprimidos, bowls de frutas, pasteles sin azúcar, snacks. Todo vegano. Ah! Y en la planta de arriba imparten clases de yoga.

Catedral de la Santa Cruz y la pareja delante de ella
Catedral de la Santa Cruz.
Bowl de fruta de base de espirulina, con piña,granada y coco rallado
Bowl de frutas en Loving Earth Yoga Café.
redes de pesca china gigantes con pájaros volando de fondo
Atardecer junto a las redes de pesca chinas.

El barrio judío (Mathancherri) se encuentra algo alejado del centro, pero no hay sitio que se resista a un tuk tuk. En esta zona se encuentra el Palacio Holandés, Es pequeño, no merece mucho la pena y cuesta entrar 0,06€ (5 rupias). En él hay una exposición de retratos de gobernadores de la ciudad, vestidos regionales, sellos o monedas. Lo más destacable son unos grabados en la pared. Tras esta visita callejeamos en busca de la sinagoga y por las calles cercanas hay detalles judíos. Pasando unos graffitis con cierto tono vintage, llegamos hasta el mercado del jengibre. No cuesta dinero entrar y se puede ver como se trabaja este ingrediente, además de tener todo tipo de especias, cafés y tés para comprar.

Montañas de jengibre, con mujeres trabajandolo
Mercado del jengibre.
irene delante de un tenderete de tintes de colores
Tintes de telas.

Gastronomía

Aprovechamos para hablar un poco de comida en India, que nos ha sorprendido para bien. Comenzamos diciendo que este tipo de comida es muy picante, y aunque se advierta que preferimos que no lo sea, siempre va a picar. El truco para evitarlo es pedir siempre uno de sus deliciosos panes o rotis y así lo disimularemos algo. Nos encanta el roti tandori, que no es más que una especie de tortita cocinada en un horno tandori. Este horno no sólo sirve para hacer pan, también se cocina el pollo o el cordero. Nos encanta el pollo hecho aquí, lleno de especias, acompañado de salsa de yogurt y su roti correspondiente.

Plato de pollo tandori, roti y arroz brayami
Pollo tandori, roti y arroz Biryani.

Y otra perla de la gastronomía India es el pollo Tikka Masala, que no es más que pollo marinado en este tipo de especias con sofrito de verduras, y cómo no, también picante.

En la zona sur del país encontramos las dosas (tortita como base, hecha de arroz y con ingredientes varios, normalmente vegetales). Están muy buenas, y son muy baratas ( unos 3€ una Dosa grande y completa para dos personas)

Irene con una especie de pizza vegetariana muy grande llamada dosa
Dosa especial.

Irene suele acompañar la comida con un lassi (yogurt batido con comino) aunque también puede ser tomado como postre si se mezcla con frutas. Manolo en cambio lo acompaña con la cerveza Kingfisher. Este bien es muy caro aquí respecto al nivel de vida del país, y en muchos sitios no la sirven. Tampoco la venden en tienda comunes, debes ir a los Wine shops.

dos vasos de yogurt liquido o lasi
Lassi.

Seguridad y vacunas.

Cambiando de tema, y hablando un poco en general hay que recordar que la India tiene índices aceptables de seguridad y es un lugar seguro para viajar en lo referente a la delincuencia común. Pero India también tiene varias amenazas a la seguridad como grupos insurgentes en varias regiones o tensiones territoriales con otros países, además de la amenaza global yihadista. Siempre, aunque parezcan excesivamente alarmista, hay que echar un vistazo a la web del Ministerio de Exteriores antes de viajar, así como inscribirse al registro del viajero (existe una app).

En cuanto a las vacunas, nos hemos tomado a diario la pastilla anti malaria porque más vale prevenir que curar. Una visita a Sanidad Exterior para ver las vacunas opcionales/obligatorias siempre es esencial antes de un viaje de este calibre. Tenemos esta vez todas las posibles puestas, ya que las básicas la teníamos de otras ocasiones. Fiebre tifoidea, encefalitis japonesa (2 dosis) y la de la malaria (vía oral) son las que nos hacen inmortales en este viaje. Normalmente con la Hepatitis A es más que suficiente para un viaje a Asia a zonas turísticas, pero las otras son recomendables si vais a estar más de un mes por aquí o en áreas rurales. Y aunque nuestro paso por India será de 21 días como dije antes, la duración por Asia en total será de dos meses y medio, de ahí el mayor número de vacunas.

Nuestra

Nuev Delhi.

Dicho esto, volvemos al país, en este caso al norte. Y volamos a una India totalmente diferente a la de estos días. Nueva Delhi nos dio una bienvenida que no nos gustó para nada. Mucha pobreza, basura por todos lados, mal olor, vacas, perros con sarna y cabras sueltas por la ciudad…Creo que no nos equivocamos al decir que si alguien que no ha salido de Europa elige India como primer destino fuera de ésta, no volvería a salir de nuestro querido continente. No todo es idílico en los viajes. También hay que contar esto, y Nueva Delhi no es lugar para gente aprensiva.

Nuestro hostel estaba situado en medio del Gran Bazar. Caos, mezcla de olores de todo tipo (incluido orina), pitos sonando, un accidente de moto “en directo” y mucha gente por todos lados. Yes Boss by backpackers es su nombre (precio 15€ la noche). ¿Repetiríamos? Sí, ya que aunque para llegar hay que pasar por callejones horribles (es igual en toda la zona), el hotel en sí está nuevo y LIMPIO.

¿ Qué ver en Delhi en un día? El Fuerte Rojo, pero nosotros lo pillamos cerrado porque había sido recientemente el día de la Independencia  y tenían a gente alojada allí. La Mezquita de Jama Masjid se encuentra cerca del Fuerte. En el camino de un sitio a otro percibimos un olor indescriptible por todos lados, atestado de gente, niños pidiendo a cada paso, gente en el suelo en la misma montaña de basura que los animales. Los alrededores de la Mezquita es una imagen dantesca ya que encontraréis un poblado de chabolas, por decir algo. El monumento en sí merece la pena, se puede entrar y subir al minarete por un precio simbólico de 20 rupias (unos 0,30€). Pero para nosotros con esos alrededores no nos compensó. India es un país muy duro.

La tumba Humayun (la entrada fueron unos 8€) fue todo lo contrario de lo que habíamos visto hasta ahora. Monumento muy bien conservado, limpio y no había mucha gente. Aparte de la espectacularidad arquitectónica, también nos llamó la atención el gran número de águilas en los jardines.

Manolo en los jardines de la tumba de huyaman. con una fuente delante
Tumba de Humayun.

Indian Gate es una plaza redonda enorme con un arco del triunfo en medio, que esta dedicado a los soldados indios que participaron en la Primera Guerra Mundial. Y cerca de aquí encontramos un restaurante muy top. En el Restaurante Gulati supusimos que por los precios que se barajaban allí, sólo podría acceder los más ricos del país habiendo visto antes la pobreza que tenían en la calle. Su plato más famoso, el Hyderabadi dumpukht  Biryani, nos resultó curioso porque venía en una cazuela de barro sellada por masa de pan de roti. Al abrirla el camarero y servirnos, descubrimos en su interior arroz aromatizado con azafrán a hebras, cocido en esa cazuela de barro especial llamada Hyderabadi a fuego lento, con vegetales y pollo. Lleva dos salsas de acompañamiento, una de yogurt y otra picante. Todo un acierto.

Arco del Triunfo con bandera de India en su cima
Arco del Triunfo.

Ruta por Rajastán.

Llegamos a India súper convencidos que íbamos a hacer el recorrido por nuestra cuenta, y hasta aquí todo correcto, pero después de horrorizarnos todo en la capital decidimos sucumbir a la oferta del encargado del hostel. Además y después de hablar con viajeros que lo estaban haciendo por su cuenta totalmente por libre, creemos que nos compensó nuestra decisión, sobre todo por cuestión de tiempo. Nos hablaron de lo complicado para conseguir billetes de tren, de la situación estresante y la sensación de perder la paciencia en muchas ocasiones.

Consistía en un chofer/guía durante 16 días por Rajastán (nosotros teníamos otro recorrido en mente pero viendo como funcionaba el país, el tiempo y el precio, vimos una oportunidad muy aceptable), alojamientos con desayuno incluido, aguas, cafés y tés, dos safaris en el Parque Nacional de Ramthambore, por 35€ por persona y día.

Mandawa

La ruta comenzó destino a Mandawa, pudiendo hacer las paradas que se nos antojaran y visitando los sitios que nosotros le demandáramos a nuestro conductor. Al ser un país tan grande, las distancias en coche pueden llegar a ser desesperantes, pero son necesarias para conocer muchos sitios en poco tiempo. La primera parada fue Jhunjhunnu para ver un Templo. Era enorme y lleno de estatuas de dioses. También llamaba la atención la cantidad de campanas que hacían sonar los fieles que andaban por ahí. Por fuera tenía apariencia de hotel pero después sorprendía.

Manolo de espaldas tocando una campana dentro del templo
Templo en Jhunjhunnu.

Al ir en un tour, los hoteles ya están reservados con anterioridad por la agencia pero cual fue nuestra sorpresa que cuando llegamos a Mandawa, el Hotel Mandawa Heritage estaba completo porque se estaba celebrando una boda allí mismo y nos pasaron a otro de la misma cadena pero de peor calidad. He de decir, que el encargado supo solucionarnos y compensarnos por el fallo.

Dimos una vuelta por Mandawa, fotografiando los havelis que más nos gustaron. Los havelis son antiguas casas señoriales que fueron abandonadas y que ahora muchas funcionan como hoteles. Su particularidad reside en sus grabados. Mandawa es una pequeña población que por sus construcciones ha vivido momentos mejores y ahora es pura decadencia.

vista de un haveli con una vaca en la puerta
Haveli con vaca en la puerta.

Lo que más nos gustó de esta ciudad fue unirnos a una boda a la que nos invitaron. Bailamos, reímos, nos echaron mil selfies y pasamos un momento que nunca olvidaremos. Los anfitriones nos invitaron a comer con ellos y seguir la fiesta, pero tras unos bailes y risas decidimos irnos, ya que la boda ya giraba entorno a nosotros y nadie le echaba cuenta al pobre novio que iba a caballo. Pero fue un momento espectacular e inolvidable.

novio montado a caballo decorado de colores
Novio a caballo.
Irene en un tumulto, bailando con la novia
Bailando con la novia.

Bikaner.

El siguiente destino fue Bikaner, haciendo una parada por el camino en un panteón llamado Devi Kund Sagar. Lo hemos tenido para nosotros solos y la verdad que merece la pena hacer una pequeña parada ahí. En el camino nos ha llamado la atención la cantidad de camellos sueltos por todos lados, además de las omnipresentes vacas.

Irene sentada en un panteón
Pateón de Devi Kund Sagar.

En nuestro próximo alojamiento, el Hotel Sagar también tenían una boda con sus invitados alojados allí, en esta ocasión con elefante para que entrase la novia montado en él y tenían como invitado al Brad Pitt indio. Nos comentó nuestro guía que ese mes es muy típico que se celebren bodas, algunas más lujosas que otras como pudimos observar.

En India los fuertes son impresionantes. No son entendidos como nuestros fuertes españoles que son meramente defensivos, si no que son palacios habitados y unas verdaderas obras de arte. El Fuerte Rojo en Bikaner cuesta unos 4€ y merece la pena visitarlo y admirar sus patios, estancias, salones, exposición de armas, e incluso un avión cedido por Reino Unido en honor a los combatientes indios de la I Guerra Mundial.

Irene paseando por un patio del fuerte rojo
Fuerte Rojo.

Y pasamos al siguiente destino en esta localidad, el templo Karni Mata. Es gratuito pero si quieres tomar fotos hay que pagar unos 50 céntimos de euro. Desvelamos ya que es el famoso Templo de las ratas, donde encontraréis a 20.000 de estos animales.

En la religión hindú creen en 3 dioses principales, y en muchos más animales como reencarnaciones de dioses. Es por ello que las ratas son sagradas ya que estiman que son los descendientes de una diosa hindú que le da nombre al templo. Cuenta la leyenda que si ves una rata blanca te traerá buena suerte. Nosotros no la vimos. También creen que si pisan o matan a una rata sin querer es considerado como pecado y la gente va en peregrinación llevándole comida a estos animalitos en señal de adoración. Estuvimos un par de minutos dentro, el olor era insoportable e indescriptible y huimos del lugar.

Una vez fuera y con los calcetines directos a la basura, nos tomó salir unos 15 minutos del recinto ya que se formó una cola alrededor nuestra para tomarse fotos con nosotros. Parece fácil escapar de ese acoso, pero podemos asegurar que no.

Irene y Manolo en la puerta de un templo rosa, el templo de las ratas
Entrada al Templo de las ratas (templo Karni Mata).

Una última parada antes de llegar al hotel fue súper curiosa. Se trata de un chico que aparece en el Libro Guinness de los Récords como el autor de la pintura más pequeña del mundo. Mide 3,5×5 cm y contiene 20 animales acuáticos, 30 animales de tierra, paisajes entre otras cosas. Para poder ver los detalles hay que usar una lupa. El chico nos hizo en directo una demostración. Le tomó la mano a Manolo y en su uña le dibujó montañas, un templo, una niña y le puso su nombre en cuestión de segundos. Estos dibujos pueden ser comprados y sus precios están en torno a los 50€ por dibujo. 

Jaisalmer y desierto del Thar.

India es un país inmenso y las distancias enormes. Puedes pasar horas y horas en el coche sin ver nada destacable. En nuestro recorrido de Bikaner a Jaisalmer, hicimos una pequeña parada en una laguna con miles de grullas.

Valió la pena la parada por ver la cantidad de animales que estaban juntos, además porque justo al lado había una escuela y Manolo traía dos balones del Betis para regalarlos en el camino y los dejamos ahí. Era una escuela súper pobre. La profesora, o la señora mayor que cuidaba a los niños más bien, no sabía inglés y creo que hasta le costaba hablar su propio idioma por lo que nuestro guía nos hizo de intérprete y los  dejamos allí. Manolo por cada país que va lleva todo tipo de regalos béticos para expandir el beticismo por el mundo, o al menos conseguir algunas sonrisas.

Manolo regalando balon a niños indios en una escuela
Betis por el mundo.

El hotel The Royal en Jaisalmer nos gustó bastante. Al igual que esta ciudad, que toma tonos dorados parecidos a la zona árida y desértica donde se encuentra. La llaman «la Ciudad Dorada» y el nombre le hace justicia.

casa doradas en Jaisalmer con una vaca paseando por la calle
Calle en Jaisalmer.

Sachiyay Mata Mandir Temple es un templo nada conocido, situado en los alrededores de Jaisalmer y nos encantó hacer una parada. Se respira paz en él. Sus paredes toman tonos dorados y todos los grabados están hechos directamente en la roca. Es una obra de arte. Su precio son unos 0,80 € y si quieres utilizar cámara dentro hay que pagar otros 80 céntimos. Es la nueva moda en India esa de cobrar por cada cámara. O más bien, cobrar por todo.

Manolo en un templo dorado tallado en piedra
Sachiyay Mata Mandir Temple

 Por cierto, ¿ sabéis que son los bindis? La tradición manda a llevarlos rojos a las mujeres casadas y negro a las solteras, y simboliza el tercer ojo, que corresponde con el sexto chakra y significa sabiduría oculta. Puede ser pintado o como el que yo llevo, una especie de pegatina de fieltro. Pero también se pueden poner piezas de bisuterías y brillos a modo de decoración.

Irene con bindi rojo entre los ojos y templo dorado de fondo
Con bindi en Sachiyay Mata Mandir Temple.

Volviendo a la ciudad dorada, pusimos rumbo a un mirador desde donde ver el atardecer con el famoso fuerte de Jailsalmer.

Manolo con el sol poniendose en un mirador
Atardecer en Jaisalmer

En cambio otro día vimos ponerse el sol desde Café The Kaku, visita imprescindible para el momento sunset. Y, ¿Qué mejor tras una bonita puesta de sol que una buena cena?. El sitio fue recomendado por nuestro guía y nos gustó tanto que hicimos 3 comidas allí en nuestro paso por esta ciudad. Se trata del Restaurante Milán, donde puedes encontrar en la entrada el famoso horno donde se hace el pollo tandoori o los rotis. Su dueño ha trabajado durante años en un hotel de cinco estrellas como chef hasta que decidió montar su propio negocio.

Plato de arroz. verduras y pollo tika masala acompañado de roti tipica comida en India
Pollo Tikka Masala, roti, verduras y arroz en Restaurante Milán.

Jaisalmer es turística por lo que para conocerla con poca gente nos levantamos temprano y fuimos a dar un breve paseo y ya después continuamos con la visita pero en esta ocasión con un guía que habla español. Fue todo un acierto y por un precio de 500 rupias (6,80 € aprox.)y una duración de 3 horas. Visitamos el Fuerte, las visitas panorámicas, algunas calles y ya fuera del recinto amurallado, algunos havelis. Y ha sido todo ESPECTACULAR.

En Jaisalmer cualquier casa te llama la atención, con sus tallados de piedras y detalles esculpidos. También es común encontrar murales pintados con Ghanesa. Nuestro guía nos dio mucha información que desconocíamos como el sistema de castas o la religión hindú.

El fuerte tiene un coste de 500 rupias por persona y los Havelis de 2,50 (3,25€). Ambos son visitas obligatorias, así como subir a alguna terraza con buena vista.

Irene y Manolo reflejados en espejo con la ciudad dorada de fondo
Terraza en un Haveli.
Mural de la diosa Ganesha con un ternero delante en India
Mural de Ganesha.

¿Tenéis pensado visitar el desierto en vuestro viaje por India? A nosotros nos encantó el desierto de Thar. En este desierto no encontrarás dunas infinitas, pero si que tiene algunas de gran belleza, espléndidas para pasear. Es nuestro primer desierto y ya sabemos que repetiremos muchos más y es que estos lugares tienen algo especial y que revitalizan. Además vimos camellos salvajes, antílopes y zorros. 

Manolo de espaldas con el desierto y dunas de fondo
Desierto de Thar.
Irenen tendida en una duna con craneo de vaca en el suelo
Dunas en desierto de Thar.

También acampamos en un lugar que nos buscó el chico que nos organizó el tour. Nos hubiera gustado dormir con un techo de las estrellas, pero nos ha sido imposible por el frío. En el campamento hubo baile y música tradicional pero lo mejor fue un chico viajero que sabía tocar la guitarra y se lució con las luces apagadas, una candela y un millón de estrellas en el cielo. Fue un final increíble para un día que nunca olvidáremos.

Cerveza y aperitivos con mússicos de fondo
Cerveza India en el campamento.

Nosotros somos más de atardeceres pero, ¿quién está durmiendo en el desierto y no pone el despertador bien temprano para ver el amanecer? Así fue, el despertador sonó a las 6 AM y empezó la caminata hasta que encontramos un punto para ver salir el sol. Por el camino, el cielo fue cambiando de color, desde rosa cuando comenzamos a caminar, pasando por naranja, hasta cuando el sol dijo aquí estoy yo. Sin duda uno de los amaneceres más bonitos que recordamos (nunca quitándole el top 1 a los templos de Angkor en Camboya). En la caminata de vuelta también tuvimos la suerte de cruzarnos con dos gacelas (aquí dicen que son antílopes, aunque Manolo insiste en creer que son gacelas) y un zorro del desierto.

Amanecer en el desierto del Thar de India
Amanecer desierto de Thar.

El campamento ofrece tanto la cena como el desayuno, y justo al lado hay un poblado donde pudimos ver un poco la vida cotidiana de los lugareños, entre ellas ver a las mujeres acarrear agua en tinajas sobre la cabeza.

Hasta aquí podemos contaros de la que ha sido la ciudad que más nos ha gustado del viaje.

Jodphur.

La siguiente parada ha sido en Jodphur, pero antes nos desviamos a Mandore para visitar sus jardines. En ellos hay varios templos bastante bonitos y que merecen una visita, además están muy animados con los monos (langures) que hay en sus alrededores y que trepan sus paredes. El parque en sí es una decepción, lleno de suciedad, muy mal mantenido, como si hubiera sido un reciente campo de batalla. En el parque también hay un museo con escaso interés (a nuestro criterio) y un pequeño templo.

Templos lleno de monos sentados en su entrada.
Jardines en Mandore con monos.

Ya en Jodphur, la visita a sus famosas cisternas nos impresionó bastante ya que por fotos no podíamos apreciar la altura que tienen. Además no cuenta con ninguna baranda ni medio de sujeción. La entrada es gratuita. Y por supuesto, la visita a su Fuerte es obligatoria, uno de los que más nos impresionó y desde el que se observa algo de tono azul de la ciudad (pero después de pasear entre sus calles podemos decir que la vista si merece la pena, el paseo para nada). También cerca se encuentra Jaswant Thada, un edificio funerario de gran belleza.

Piscina con escaleras sin medio de sujeción para bajar a la zona del agua.
Cisternas en Jodphur.
Irene y chica hindú delante de un monumento funerario.
Jaswant Thada.

Por cierto si habéis visto nombrada a Jodphur como la ciudad azul, discrepamos bastante. Actualmente no todas las casa son de este color ya que cada vecino la ha ido pintando como ha querido, y la suciedad es más característica en esta zona que el tono añil del la pared. Para que os hagáis una idea, tuberías rotas brotando aguas fecales cual ríos por las calles, basura amontonada cual vertedero, el olor propio de esta mezcla y lo peor, y esta vez no se le puede echar la culpa a las vacas porque no nos cruzamos con ninguna.

Irene en la puerta de una casa azul
Jodphur.

Por cierto e Hotel en Jodphur nos encantó. Hotel Gaj Vilas es muy recomendable tanto por las instalaciones, como por la limpieza (muy importante en este país) como el desayuno variado, no sólo de comida India.

Udaipur.

Y camino a Udaipur encontramos un templo que (OJO) le puede echar el pulso al Taj Mahal. Nos resuelta imprescindible una parada en el camino para el templo Ranakpur (precio 6,5€ dos personas con una cámara de fotos para poder usar dentro del templo y audio guía).

Por el exterior no llama excesivamente la atención, pero su interior es una maravilla arquitectónica, con grabados en mármol de gran exquisitez y cada columna que compone el templo es distinta a otra (el templo está compuesto por más de mil columnas). Es un lugar de culto de la religión Jainista (12 millones de habitantes en India la practican). Es una rama del hinduismo que aboga por la austeridad, la sencillez, el pacifismo y en contra del materialismo.Como curiosidad también, los jainistas no pueden comer ni ajo ni cebolla y son vegetarianos. Además, esta religión considera que quien no visita este templo, no tendrá una vida completa. Y aunque parezca exagerado, pensamos que quien no lo visite estando en la India, no tendrá una visita completa al país. FUE LO QUE MÁS NOS GUSTO EN LA INDIA.

vista de las bóvedas y columnas del templo de ranakpur, el templo que más  nos gustó en India
Vista interior del Templo de Ranakpur.

El templo se encuentra entre montañas, y en la zona hay servicio de safaris con el objetivo de poder contemplar leopardos. Aunque nos lo planteamos creemos que la zona, por la maleza y el terreno, tiene que ser complicado ver a estos escurridizos felinos.

Continuamos en Udaipur. Nos ha parecido una ciudad más limpia y con menos tráfico. Para cenar, nos parece muy buena opción cualquiera de las terrazas con vistas a uno de los 5 lagos artificiales que tiene esta ciudad, y además podréis probar el famoso Thali de Rajastán. Es un plato vegetariano aunque hay modificaciones para todos los gustos al cual le introducen pollo. Se trata de un plato combinado que cuenta con arroz hervido, sopa de lentejas, menestra de verduras con tofu, y verduras mixtas. Todo ellos acompañado con tomate natural y roti. Y como postre yogurt natural y una bolita dulce de frutos secos y almíbar. Este plato suele costar poco más de 2€ y es muy completo.

Plato redondo y combinado de arroz, curry de lentejas, verduras con tofu, yogurt y dulce tipica comida en India
Thali de Rajastán.

Para visitar en esta ciudad, la orilla de uno de los Lagos, concretamente desde a Gangaur Ghat se pueden contemplar los monumentos que forman islas en el lago como el Mohan Temple o el palacio blanco llamado Taj Lake (hoy en día convertido en hotel). Esta orilla es agradable, llena de palomas a las que la gente le echa granos con una bonita foto cuando levantan su vuelo en bandadas.

atardecer con vista de un lago y palomas volando
Vista del lago en Udaipur.

Continuamos con el City Palace (300 rupias por persona la entrada). La fachada es preciosa y el interior ofrece distintos salones donde los marajás y esposas realizaban su vida diaria. A nosotros lo que más nos gustó fue su fachada, puerta y la bóveda que hay sobre ésta.

Cercano se encuentra el templo de Jagdish, donde tuvimos la suerte de coincidir con un grupo de devotos que no paraban de cantar a sus divinidades, y también de bailar. Hubo una chica que comenzó a bailar y su estilo, pasos y movimientos  nos recordó bastante a la rumba y el flamenco de nuestra tierra. La visita desde luego estuvo amenizada y nos gustó bastante.

Templo lleno de gente con una chica bailando en ceremonia india
Bailes en el templo de Jagdish.

La torre del reloj se encuentra en medio de la ciudad y para nuestra sorpresa, viven monos allí mismo que campan a su aire. Además hay un mercado callejero en la misma zona.

Y ahora es cuando dejamos Udaipur para poner rumbo a Púshkar, sabíamos que nos esperaban 5h de camino, haciendo tan sólo una parada en un templo muy bonito, de entrada gratuita, (Sahastra Batu Temple). Estaba metido en medio de la naturaleza y en sus grabados en la pared destacaban imágenes de Shiva, animales salvajes, y del kamasutra.

Púskhar.

Púshkar es una ciudad sagrada donde no se come carne y no se bebe alcohol. Subimos al Savitri Mata Temple que se encuentra en lo alto de un monte y existe la opción de subir en funicular (86 rupias por trayecto) o andando. El templo no es absolutamente nada recomendable, sólo atractivo por las vistas y los monos que hay en su cima. También se pueden ver mangostas (una especie de comadreja).

Un sitio para ver el atardecer en esta ciudad es desde su lago, considerado sagrado para las hindúes, en el que se purifican, meditan y realizan rituales a su alrededor. La leyenda cuenta que esta lago se forma de una flor de loto que portaba Shiva, y de ahí su carácter sagrado. También hay varios templos interesante, entre ellos uno de la religion sij.

Monje en la orilla del lago de Púshkar.
Monje en la orilla del lago de Púshkar.

Jaipur.

Y seguimos dirección a Jaipur (la ciudad rosa), pero por el camino de Pushkar a Jaipur nos desviamos en Ajmer e hicimos una visita a una mezquita que tanto Pablo como por la cara de la gente del barrio que visitamos se ve que era muy poco turística. Este lugar histórico es Dhai din ka johpra y creemos que si merece la pena el desvió. Son unas puertas y mezquita bastante originales con grabados en piedra y de entrada gratuita. Eso si, te miraran todos con caras muy raras. Nos sentimos un poco intimidados pero es parte de los viajes. India en los últimos años esta viviendo un poco de tensión por motivos religiosos.

Ya en Jaipur, contratamos un guía en español. Empezamos el tour en el Palacio de los Vientos o Hawa Majal (será la imagen de lo primero que os saldrá en Google si ponéis en el buscador Jaipur), y nos gustó bastante aunque reconocemos que lo esperábamos más grande. Es un palacio para las esposas de los marajás y poder contemplar desde sus ventanales la vida cotidiana. Cuenta con 365 ventanas, al igual que días del año y que esposas tenía el marajá, una para cada día.

Manolo e Irene delante de un enorme palacio de fachada rosa.
Palacio de los Vientos.

Lo de la ciudad rosa a Jaipur le viene con razón, el centro es entero rosa salmón, le da un color peculiar, bonito, bien conservado y característico. Después de la esta primera toma de contacto nos dirigimos al fuerte de Amber, desde lejos tiene una foto espectacular y su visita resulta imprescindible en Jaipur. Cuesta 500 rupias (6,45 € por persona aprox.) la entrada, y en su interior cuenta con diversas estancias, algunas de gran belleza, donde se mezclan la arquitectura Hindu y musulmana. El fuerte no tenía un carácter netamente defensivo sino que servía más de residencia de la realeza aunque lo rodea una muralla de unos 22 kilómetros (desde un punto de esta muralla pudimos ver un impresionante atardecer).

Pareja sentada en una puerta decorada con colores vivos en India
Fuerte de Jaipur.

No somos apasionados de la astrología, pero visitamos el famoso observatorio Jantar Mantal creado por un marajá que se aficionó a la astrología y astronomía, construyendo diversos artilugios para calcular la hora, signos del zodiaco u horas de sol. De hecho podemos encontrar el reloj solar más grande del mundo, anotado en el Libro Guinness de los Récords. Nos pareció una visita sorprendente. También cuenta con un lago y un palacio en medio, que actualmente es un hotel.

Irene y Manolo delante de un reloj de sol gigante.
Reloj de sol en el observatorio Jantar Mantal.

En Jaipur podemos recomendar un restaurante italiano (la Bella Italia). Y es que tras muchos días en este país, ya nos apetecía algo no-indio. A Jaipur un par de días sí se le debe dedicar en vuestra ruta por India. Además podéis pasear de manera segura por su calles, fotografiar las puertas de sus murallas e incluso entrar en algún parque bien mantenido. ¡Ah!, también nos cruzamos con una boda y por supuesto tuvimos que bailar.

manolo e Irene bailando con los invitados de una boda en India
Boda en Jaipur.

Parque Nacional de Ranthambore.

De Jaipur pasamos a Sawai Mathopur (pueblo situado a 10km del Parque Nacional de Ranthambore). Nuestro objetivo fueron dos safaris fotográficos y poder ver a algún tigre, uno de los objetivos principales de este viaje. Aunque quisimos hacer este avistamiento en el Parque Nacional de Bandhavgarh, el tiempo y las distancia en este país te condicionan. Además este parque nacional es de los más caros de toda India.

El primer safari comenzó a las 6AM de camino al Parque Nacional de Rathambore, concretamente a la puerta 9, la más lejana. Fuimos en un jeep de seis personas, con otros cuatros indios que nos parieron muy mal educados y poco respetuosos ya que no paraban de hablar y gritar durante el recorrido, pese a que el guía les llamó la atención y nuestras respectivas caras de cabreo. En la ida, y a esa hora pasamos bastante frío y aunque vimos diversos ciervos, gacelas y kingfishers (no sólo es la cerveza de India, también es un ave que se asemeja al martín pescador de la fauna ibérica), no vimos ni rastro de tigres. Pero teníamos otro safari por la tarde y eso nos consoló.

Manolo e Irene en un jeep descapotable.
Listos para el safari.
Ciervo en el parque nacional
Ciervo en Rathambore.

Tras el almuerzo, pusimos rumbo a nuestro segundo asalto para ver el tigre. De nuevo acompañado por los ruidosos indios, pero algo más calmados. Esta vez nos dirigimos a la puerta 7 y el guía explicó algo la composición de Rathambore y su limitación para las visitas, siendo sólo el 20% del parque visitable. Además en cada área a la que se puede acceder y debido a la territorialidad de estos felinos, es complicado ver varios tigres (nosotros no vimos ni uno). En este nuevo safari vimos algo más de fauna, hicimos apostaderos, subimos a diversos puntos fotográficos, pero del tigre sólo vimos sus huellas, por lo que ya hemos dejado algo pendiente en India y motivo para volver, seguir el rastro del tigre y conseguir verlo.

Agra.

Como último punto fuerte, el tour nos deparaba Agra. Vimos desde fuera su Fuerte (el ticket tiene un precio de unos 8,5€), nos hemos dirigido al pequeño Taj Mahal, llamado Itmeade-ude Daula. Es un pequeño mausoleo de mármol blanco con incrustaciones de piedras preciosas. Su entrada, si pagáis con tarjeta de crédito es más barata (unos 3,25€). Esto ocurre en más monumentos de Agra. Es precioso y menos bullicioso que su hermano mayor el Taj Mahal. Nosotros lo visitamos antes de pasar a ver el atardecer en un parque situado junto a una de las 7 maravillas del Mundo moderno.

Irene sentada delante del edificio del pequeño Taj Mahal.
Pequeño Taj Mahal o Itmeade-ude Daula.

Este parque tiene un precio de unos 3€ y en el que puedes disfrutar de un atardecer con vistas al Tah Mahal y dar un paseo por sus jardines. Ha sido asombroso ver la magnitud del edificio.

Manolo delante del Taj Mahal mientras atardece en India
Atardecer en Taj Mahal.

En cuanto a la visita del Taj Mahal, nuestra idea era llegar de madrugada y ver el sol salir en sus jardines. Llegamos de milagro. Y es que una vez más, todo es un mundo en este país. Una cola larga y muy lenta en la fila de pago con tarjeta  (así sale más económico, unos 16€). Después otra cola para entrar con su respectivo control de seguridad como si de un aeropuerto se tratase, pero todo vale la pena para ver este espectacular mausoleo construido entre 1631 hasta el 1654, por el emperador mogol Shah Jahan a su esposa favorita como Mumtaz Mahal. Sobran las palabras. Decir que impresiona más de lejos que por dentro. Además incluye una mezquita, casa de invitados y jardines.

Irene delante del Taj Mahal en India
Taj Mahal.

Tras esta visita que se demoró una hora y media pusimos rumbo a Nueva Delhi. Unas 5 horas nos separaban de esta ciudad que en nuestro primer contacto nos aterró pero que en el día de hoy descubrimos un parque (Lodhi Garden, gratuito) lleno de monumentos y animales, que nos ha dejado un sabor más dulce que ella primera impresión. Para nuestra sorpresa no estaba sucio y estaba cuidado.

Han sido 21 días aquí, que para conocer toda India son pocos días. Este país tiene cientos de lugares históricos, es muy diverso pero en nuestra balanza y aún sabiendo que nos quedan cosas maravillosas por conocer, hoy por hoy no volveríamos.

Sabemos que cuenta con monumentos únicos y grandiosos, con una gastronomía sorprendente, pero no nos ha enganchado. Y es que la pobreza, suciedad y comportamientos de sus habitantes han sido demasiado negativos para positivizar el resto. Tenemos que decir que la espiritualidad de India tampoco la encontramos, esa que engancha a mucha gente, y que a veces nos parece que es tan sólo un eslogan publicitario asumido por el viajero (con tantos pitos y ruido, la tranquilidad es complicada conseguirla).

El futuro nunca se sabe, el tigre es una cuestión pendiente, Kerala nos encantó, o conocer Ellora o Varanasi puede ser motivos para volver a India y redescubrir este país, pero con tantos lugares por conocer en el mundo, si esa puerta se vuelve abrir sera dentro de mucho tiempo.

No se si os ha dado ganas de conocerla o de tacharla de vuestra lista de futuros destinos. Si ha ocurrido esto último, os dejamos un link a nuestros países asiáticos que conocemos por si os inspiran más. Y no dudéis en compartirnos en redes sociales si os ha gustado el post.

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