Kenia y Maldivas como «honeymooners»

Kenia y Maldivas como «honeymooners»

No teníamos pensado hacer esta entrada tan pronto. Pero ayer una amiga me pidió consejos sobre Kenia y Maldivas, y se me vinieron a la mente estos doce días inolvidables. Oye, ¿ y por qué no?

Este post será un poco distinto a los que nos gustaría hacer, ya que somos viajeros que siempre vamos por libre y por nuestros propios medios, pero en esta ocasión el viaje a Kenia y Maldivas fue organizado, por lo que no nos vemos capacitados para dar consejos para los viajeros que quieran plantear este viaje por libre. Pero no por eso no aportaremos nuestra experiencia así que por aquí os dejamos nuestras impresiones y los sitios que más nos gustaron.

A pesar de que no fue nuestro viaje prototipo, si podemos decir que Kenia nos encantó, cumplió sobradamente las expectativas y en nuestra mente e inquietud viajera ya ronda por el horizonte un viaje a Namibia. El llamado por algunos viajeros como el «mal de África» o «la llamada de África», que es esa patología y ansiedad por volver al continente africano después de haberlo conocido, parece que lo padecemos.

África sigue teniendo ese toque enigmático que atrae a los viajeros, aunque también es pobreza, miseria e injusticia. Esperemos que algún día todo eso cambie y África sólo sea lo que su nombre representa en nuestro subconsciente viajero y nómada: naturaleza, autenticidad, pureza, grandiosidad y aventura.

Nuestro destino de luna de miel era bien distinto a Kenia y Maldivas, pero un mes antes de la boda tuvimos que cambiarlo por problemas técnicos. Teníamos vuelos comprados para Australia, hoteles reservados, y furgoneta para alquilar apalabrada, para hacernos una ruta por nuestra cuenta por ese inmenso país. Pero el destino hizo que tuviéramos que dar un giro de 360º y no nos arrepentimos en absoluto.

Debido a la proximidad de la boda, y siguiendo los consejos de no hacer Kenia por nuestra cuenta por motivos de seguridad decidimos ir a una agencia de viajes (El Corte Inglés). Era la primera vez que nos organizaban un viaje, y supongo que la última ya que no es nuestro estilo de viaje. Ademas por falta de información «perdimos» un día en Maldivas. Pero eso ya lo contaremos más tarde.

Kenia es un país que se suele combinar con playas de Zanzíbar, en Tanzania. Pero ya que Manolo eligió este destino de safari, Irene quería cumplir su sueño de tener durante unas noches una cabaña sobre el agua como habitación. Y eso sólo existe en Maldivas y en la Polinesia francesa (y este destino se nos escapa y se nos escapará siempre del presupuesto). Es por ello que combinamos estos dos países Kenia y Maldivas. Aunque si no estas puesto en geografía ya te decimos que no están cerca.

La agencia nos organizó absolutamente todo. Vuelos, hoteles, comidas, entradas a parques nacionales, desplazamientos y algunos extras. Nos casamos un sábado 8 de septiembre, y tras un domingo de descanso y resaca, pusimos rumbo a Madrid el lunes para coger el vuelo desde allí.

Empezamos con Kenia.

Hicimos Madrid- Nairobi con escala en Dubai con Emirates, donde coincidimos con una pareja de españoles en el mostrador de facturación, y al llegar a Nairobi nos dimos cuenta que serían nuestros compañeros honeymooners de safari. Alberto y Luisa fueron unos geniales compañeros de viaje.

Hicimos noche en la capital en EKA Hotel. Nosotros somos de explorar por nuestra cuenta, pero en esta ocasión fue misión fallida, ya que aún siendo un muy buen hotel, situado en buena zona, todo el mundo nos miraba extrañados y los alrededores ofrecían poca cosa. Sólo anduvimos pocos metros y entramos en un centro comercial. Tanto los hoteles como este centro comercial, tienen seguridad y arcos de detección de metales, por lo que ya intuimos que movernos por nuestra cuenta iba a estar complicado. Nos sorprendió que este edificio de 8 plantas, sólo tuviera ocupados unos 5 locales, uno de comida y el resto de ropa. El resto estaba totalmente abandonado.

centro comercial abandonado con paraguas en el techo
Interior del Centro Comercial abandonado.

No intentamos ir a otra zona de la ciudad ya que desde al aeropuerto al hotel no pasamos por nada que nos pareciera que merecía la pena. Nairobi, como toda capital africana, tampoco es que sea una urbe atractiva o en la que se pueda dar un paseo placentero. Nuestro hotel tenía piscina y al estar cansados de tantas horas de vuelo decidimos descansar y empezar el safari bien repuestos al día siguiente. Como curiosidad en el hotel probamos vino sudafricano y nos pareció que estaba decente. Pero si de Kenia nos quedamos con alguna bebida es con su cerveza Tusker, sabor muy parecido a las suaves cervezas del sudeste asiático.

A la hora acordada pasó a recogernos el que iba a ser nuestro guía durante la próxima semana, Moyaki. Nos montamos en el jeep con los otros recién casados, que harían el mismo recorrido con mismos hoteles los próximos 6 días. En la primera jornada ya observamos que la conducción era caótica y muy complicada, poca señalización y grandes atascos para salir de Nairobi. Poco a poco el paisaje de urbe caótica fue cambiando y pasamos por colinas plantadas de café. Como curiosidad una de la grandes exportaciones de Kenia es le café, el cual es muy aromatizado y sabroso. Ya cercano a nuestro primer destino, el paisaje verde empezó a cambiar a árido.

1. Parque Nacional de Samburu

La primera parada fue el Parque Nacional de Samburu. Ha sido el lugar que más nos ha gustado de Kenia, por ser menos turístico y por sus paisajes que nos recordaban a los reportajes de La 2 de la sabana africana. Samburu se sitúa en un entorno semidesértico, donde se mezcla desierto y sabana, y donde hay un verdadero paisaje africano con sus grandes acacias. Fue entrar en el parque y empezar a ver animales, por lo que nuestra emoción subió de 1 a 100 en pocos minutos.

Elefantes, jirafas, cebras, babuinos e incluso un leopardo vimos en esta primera toma de contacto. También fue el único parque donde pudimos ver guepardos. Aún nos palpita el corazón recordando esa emoción de ver esas maravillas de animales. Lo que se nos resistió en Samburu fueron los leones, pero no se pueden mostrar todos los tesoros el primer día, ¿verdad?. Samburu es autentico, y a diferencia de otros parques aquí no se localizan un grupo de animales y se agolpan todo los 4×4 de otros turistas alrededor de ellos. Además, como en toda África, China esta tomando un papel protagonista y su turismo esta muy presente, pero sin embargo en Samburu no.

jirafas reticuladas comiendo de los árboles
Jirafas reticuladas en Samburu.
manada de elefantes en la arida sabana
Manada de elefantes en Samburu.
Guepardo en Samburu.

Además, el hotel Samburu Simba también fue el que más nos gustó en Kenia ya que las vistas desde la habitación y desde la piscina era la sabana, por lo que no era difícil asomarse al balcón y ver a lo lejos animales. De hecho vimos elefantes y en el recorrido de un río cercano, donde quedaban algunas charcas, había cocodrilos. Como veis, los atardeceres de África no decepcionan. Son esos que te imaginas.

Todos los hoteles del tour son únicos y exclusivos para los tour operadores, ya que no se pueden reservar por cuenta propia y hacer el recorrido por su cuenta.

amanecer desde la habitacion del hotel con vistas a la sabana
Amanecer con vistas a la sabana.

En Samburu también se puede visitar a la tribu del mismo nombre. Esta tribu se parece a los Masáis con quien comparten historia, y se dedican al pastoreo de vacas, cabras y , curiosamente, de camellos. Nosotros preferimos visitar a los Masáis pero también tenéis esta opción.

2. Aberdare National Park

Tras esta noche en este espectacular lugar y un safari mañanero, con avistamientos de jirafas, elefante, impalas y cebras, pasamos al Hotel The Ark Lodge, en Aberdare National Park. Este traslado duró horas, ya que Kenia es un país bastante extenso por lo que tenéis que tener claro qué ruta trazar y vuestras prioridades. Las carreteras serán de todo tipo, desde vías similares a Europa, hasta carreteras llenas de cráteres que no se merecen el nombre ni de camino.

The Ark Lodge es un hotel construido en una zona muy boscosa y de montaña, junto a un abrevadero artificial donde los animales se acercan a beber y los puedes observar o bien desde su terraza en alto, o desde un búnker construido a ras de suelo.

En el tiempo que nosotros estuvimos en el hotel, en la charca siempre hubo elefantes y búfalos, los cuales en ocasiones entran en disputa y se pelean. Fue bastante espectacular ver una de estas escaramuzas. También se acercaron a beber facóqueros o jabalí verrugoso, los cuales siempre llevan su cola erguida, tienen un caminar cómico y suelen ir en pequeñas familias (Pumba, el personaje del Rey León, era un facóquero). En este Parque Nacional no hay leones, pero sí leopardos.

El alojamiento está muy bien, con decoración muy apropiada, chimenea y personal muy amable. Como consejo os diremos que en este lugar hacía bastante frío, por lo que hay que echar ropa de abrigo. También para pagar se podía con tarjeta de crédito. Lo recuerdo porque cayeron varias Tuskers.

pareja en un bunker con elefantes de fondo
En el búnker del Hotel The Ark

Como curiosidad, en la habitación existe un sistema que puedes conectar o desconectar, dependiendo si prefieres dormir más o ver animales. Se trata de algo parecido a un timbre, donde si se acercan a beber elefantes, sonará una vez, si suena dos veces es porque hay cerca leopardos, y así cada número significa algo y eres tu quien decide si en mitad de la noche quieres bajar a verlos o no. A nosotros no nos sonó ni una vez. Como último apunte sobre el hotel, al hacer mucho frío por la noche pasan a colocarte bajo las sábanas una bolsa de agua caliente.

lago con muchos elefantes bebiendo alrededor
Vistas desde la terraza del hotel The Ark.

Como actividad en este sitio, también había una ruta de avistamiento de pájaros a pie. Pero tampoco era gran cosa y se andaba muy poco.

Irene subida a un banco en una pasarle sobre la selva
Camino del avistamiento de pájaros

Al día siguiente cambiamos de hotel y de Parque Nacional. Ahora poníamos rumbo al lago Nakuru, considerado Patrimonio de la Humanidad. Kenia es cruzada por el ecuador, así que este día fue la primera vez que cruzábamos al Hemisferio Sur. Junto con Bali, Kenia ha sido la única ocasión en que hemos cruzado esta línea, pero no será la última. Para indicar este cambio de hemisferio hay una línea dibujada en el suelo y una atracción turística donde te explican un poco el tema del magnetismo y te hacen un pequeño experimento con agua. También para recordar este momento e inmortalizarlo puedes obtener un pequeño diploma por un modesto precio.

Recordad, lo que para nosotros no supone mucho dinero, puede solventar una situación muy precaria para un africano. Siempre hay que ser justos y dignificar el trabajo.

Otra parada en este día fueron las cataratas Thomson del rió Ewaso, un espectacular salto de agua de 74 metros que nos pareció increíble.

pareja delnate de unas cascadas muy altas
Cascadas Thomson.

3. Lago Nakuru.

Por la situación geográfica de Kenia (y Maldivas), su clima es tropical por lo que os puede caer una tormenta de agua que creáis que el cielo se cae sobre vuestras cabezas y a los pocos minutos salir un sol que abrasa. Esto es lo que nos sucedió de camino a Nakuru. En este tramo recorrimos parte de la carretera Panafricana (hoy en día con nomenclatura TAH 4), una carretera que tenía el objetivo de comunicar el continente africano desde El Cairo hasta Ciudad del Cabo, pero este proyecto iniciado en época colonial británica no está aún terminado. Aunque siguiendo esa carretera puedes llegar dirección norte hasta Sudán, atravesando por Etiopía, o bien dirección sur llegar hasta Sudáfrica atravesando países como Tanzania o Zambia.

Nakuru se caracteriza por dos atractivos principalmente: por sus flamencos (en determinadas épocas del año se pueden juntar millones de estas aves migratorias) y por sus rinocerontes blancos y negros (ambos en grave peligro de extinción). Recordad que la primera amenaza para este gran animal es la caza furtiva y sus cuernos, que según algunas medicinas tradicionales orientales son afrodisíacos. En Nakuru también veréis cebras, babuinos, gacelas Thompson, impalas y búfalos, así como algunos curiosos reptiles de distintos colores como azules y corales.

En el apartado de aves, también hay pelícanos, cigüeñas y marabues (pájaro africano feo de aspecto, encorvado y con cuello largo, pero con un vuelo majestuoso y un plumaje de los más cotizados en algunas culturas africanas como símbolo de poder y glamour). Por desgracia, el lago Nakuru está atravesando una crisis por la contaminación y su explotación abusiva que esta provocando el descenso de agua y por tanto de la población de flamencos.

cebra de espaldas
Cebra en Lago Nakuru.
babuino
Babuino en Nakuru.

También Nakuru esta situado en el Gran Valle del Rift, el valle más largo del mundo y del que ya hablaremos.

4. Lago Naivasha.

La siguiente parada fue otro lago. El lago Naivasha. En esta ocasión lo recorrimos en barca para intentar ver hipopótamos, pero estos animales suelen verse más por la noche cuando salen para alimentarse y sólo los pudimos ver desde lejos asomando sus orejas y ojos del agua. También pudimos observar aves como águilas pescadoras. Como curiosidad os diremos que en este escenario y en una de las islas de este lago, se rodó Memorias de África. Los leones que aparecen en esta película fueron traídos del Parque Nacional de Masai Mara. También desde Naivasha se divisa a la lejanía el monte Kenia, el segundo pico mas alto de África.

cuatro personas en una barca en el lago Naivasha con animales de fondo
Con nuestros compañeros de viaje en el Lago Naibasha.

Y el hotel Lake Naibasha Simba, fue sorprendente. Constaba de un conjunto de casas, con piscina y gimnasio, todo ello situado alrededor de un prado de césped. Lo curioso llega, cuando vas camino de tu habitación y te encuentras una cebra o ciervos, o camino del desayuno te cruzas con una gacela. Esto es debido a que cuenta con un puente que comunica con la selva y durante el día estos animales campan a sus anchas por el hotel. Por la noche esta puerta se cierra y también todo el complejo esta rodeado de una alambrada fina electrificada a baja tensión.

Nosotros dando una vuelta por este prado, vimos al otro lado de la valla una familia de jirafas en libertad de lo más adorable, así como cebras y búfalos. Pero la sorpresa vino al amanecer cuando vimos un hipopótamo fuera del agua. Eso si, sin acercarnos ya que este animal es muy peligroso y territorial, además de muy veloz, a pesar de sus cortas patas.

5. Parque Nacional Masai Mara.

Como plato final del viaje, tuvimos el famoso Parque Nacional de Masai Mara. Os diremos que la carretera es tediosa y mala, pero en el camino podéis parar en uno de los poblados de Masáis. A pesar de ser una turistada hay que hacerlo y ver como viven. El precio de la entrada al poblado son unos 25 euros. Os enseñan bailes tradicionales, las casas donde habitan (pequeñas y muy oscuras), así como os cuentan la historia de su pueblo, como por ejemplo que para pasar de la edad adolescente a ser un adulto los hombres debían matar un león (actividad ya prohibida por el gobierno). Es verdad que el pueblo estaba orientado al turismo pero por el camino nos cruzábamos con gente que vestían como auténticos Masais o poblados a lo lejos que no se visitaban pero tenían aspecto similar al poblado turístico que visitamos.

Como anécdota Manolo entablo lazos de amistad de una manera muy particular con ellos e incluso hubo intercambio de regalos (balón del Betis por pulsera). Os dejamos prueba fotográfica.

Mnolo rodeado de Masais con un regalo de un balón del betis
Manolo estrechando lazos con los Masais.

Bajo nuestro punto de vista, Masai Mara es el parque que menos mereció la pena, pero debe ser parada obligatoria. También es cierto que las grandes manadas de ñus, cebras, oryx, topis, impalas o elefantes se encuentran aquí y son espectaculares. Fue donde más animales vimos hablando de cantidad.

dos Topis peleando
Pelea de topis en Masai Mara.
leopardo cruzando la sabana
Leopardo en Masai Mara.
manada de cebras
Manada de cebras en Masai Mara.

A favor de Masai Mara, si vais buscando ver leones allí es casi seguro que los veréis. Nos impresionó mucho ver este animal en libertad, con sus melenas al viento. Como dato, los leones macho suelen ir solos o como mucho en pareja con otro hermano. Vimos una escena de dos leones macho adultos jugando en la maleza que fue espectacular. En cambio las leonas las encontramos en manadas. También vimos animales que solo vimos allí como hienas, avestruces o gatos salvajes (eran de tamaño como un lince). Otro lugar espectacular fue el río Mara, por donde se producen las grandes migraciones y donde cada año los cocodrilos se pegan festivales de comida, pero desgraciadamente no pudimos ver este espectacular al no ser esta época.

pareja de leones cruzando la sabana
Pareja de leones en Masai Mara.
leona de espladas tendida en la sabana
Leona en Masai Mara.

Paisajísticamente hablando fue el que menos nos gustó. Nos recordaba a algunas zonas de campiña de España. El número de turistas se multiplica, llegando a veces a estar unos veinte jeeps juntos para ver a un animal, lo cual pierde bastante encanto.

En cuanto al Hotel Mara Simba, más de lo mismo. Mucha gente por lo que peor servicio y calidad. Como dato, se suele ir en régimen de pensión completa, ya que no hay nada fuera del hotel, y todas las comidas son unos buffets muy completos con opciones de todo tipo. Eso sí, en este hotel nos llevamos una sorpresa cuando desde un balcón de su bar vimos aparecer un cocodrilo que podría medir seis metros. Ademas dentro del complejo era fácil sorprenderse con dic-dics, un pequeño ciervo que vive siempre en pareja, en el momento que muera uno de los dos, el otro animal muere de pena.

Otro detalle que nos da algo de nostalgia y que te enseña la riqueza humana que tiene este continente es cuando por la tarde conocimos a un trabajador que tocaba la guitarra para amenizar la noche a los turistas. Este muchacho aprendió a tocar la guitarra, que se dejó en el hotel un huésped, solo e incluso sabía canciones en español. Echamos con él una gran noche, emblemática y la última en Kenia, donde cantamos, y por supuesto, brindamos por los viajes, la amistad y la vida.

Casi acabando con Kenia, hicimos una parada en el Valle de Rift, el valle más grande del mundo. Se extiende desde Mozambique hasta el Mar Rojo. Este valle tiene una gran importancia en la búsqueda para el conocimiento de la evolución humana, recibiendo el apelativo de cuna de la humanidad, por los restos fósiles de homínidos allí encontrados.

Manolo e Irene situados delante de un cartel explicativo
En el Valle del Rift.

Como última parada en este país, el almuerzo fue en un conocido restaurante asador de la capital, el Carnivore, famoso por servir distintos tipos de carne a la brasa al estilo brasileño. También decir que no es un menú a la carta, sino que los camareros van pasando platos con distintos tipos de carnes y salsas hasta que bajes la bandera que tienes situada en la mesa como señal de estar llenos. Creemos que es una parada obligatoria para los amantes de la carne.

Camarero sirviendo a Manolo carne trincada en una espada
Restaurante Carnivore.

Como reflexión final, si sois amantes de la lectura y de África, os dejamos dos libros inspiradores: «El sueño de África» de Javier Reverte y «Un millón de piedras» de Miquel Silvestre.

Por ultimo, si queréis comprar algún recuerdo no lo hagáis en las tiendas donde os paren los guías, hacedlo en las entradas de los parques nacionales donde se agolpan los locales para vender productos. Por favor, ser justo y no regatear en exceso. También os recomendamos no dar caramelos a los niños, los tratamientos dentales en Kenia son muy caros. Si queréis llevar algún obsequio podéis llevar bolígrafos (te los pedirán mucho) o rotuladores. Si lo hubiéramos sabido hubiésemos llevado un saco de ellos.

Este fue nuestro recorrido por Kenia, nos hubiera gustado también incluir el Parque Nacional de Amboseli que por lo que nos hemos informado debe ser espectacular, pero este ya no se nos escapaba a nuestros días disponibles.

Y continuamos con Maldivas.

Pasamos a Maldivas, el país con altitud media más baja del mundo (23 metros es su punto más alto). Y es que tras varias horas de vuelos y escalas, sobrevolar islotes y atolones no tuvo precio. Aquí vino el inconveniente de viajar con agencia, que no se nos informó que teníamos que coger vuelo interno desde la capital a otra isla, y después unos 15 minutos de lancha rápida hasta el islote donde estaba situado nuestro hotel. Es por ello que perdimos el día (y el todo incluido ya pagado) en aeropuertos y llegamos al paraíso a las 10 de la noche.

vista aerea de islotes en maldivas
Vista aérea de los atolones en Maldivas,

The Residence Hotel es el paraíso, sí. No hace falta ir en tour como lo hacíamos nosotros para poder reservarlo, podéis buscarlo en Booking.com. Tienen cabañas a pie de playa o situadas sobre una pasarela en el mar. Por ser honeymooners nos dieron un upgrade a una water pool villa, es decir, una villa sobre el mar con piscina privada. El régimen es de Todo Incluido (como en todo nuestro viaje de Kenia y Maldivas), y la calidad inmejorable. Podemos decir que nos sentíamos como millonarios y al menos que cambie mucho la cosa no volveremos a ir a un hotel de ese estilo. Pero oye, que con probarlo una vez nos vale. Somos de los que creemos que la verdadera riqueza es el tiempo y en disfrutarlo con quien más quieres y haciendo lo que más nos gusta, en este caso viajando en pareja.

Irene con pasarelas de cabañas de fondo
Cabañas sobre el mar en The Residence.

Pero volviendo al The Residence, era una verdadera pasada. La cabaña nos parecía de ensueño, con una piscina y una bañera que daban directas al mar con un gran ventanal. Somos amantes de la fauna marina y hemos buceado en Tailandia o hecho snorkel en Indonesia o Filipinas, pero como la fauna marina de Maldivas, ninguna. Desde la misma habitación o por la pasarela era fácil ver pequeños tiburones, tortugas, manta rayas o peces globo gigantes. Era un espectáculo. En la orilla de la playa ya había pequeños tiburones a los que no debes temer porque son muy huidizos. Por la noche también aparecían grandes murciélagos que parecían águilas.

Manolo de espaldas dentro de la piscina privada sobre el mar
Piscina privada en Hotel The Residence.

Para cenar el hotel disponía de un restaurante más exclusivo (aún) en el que si decidías ir, no era buffet sino menú cerrado. Pero este restaurante era de película, sobre el agua y cerca de un rompeolas, y necesaria reserva previa.

Firmando la cuenta con una pluma muy larga
Firmando la cuenta a modo simbólico en el Restaurante Falhumaa.

Como no podía ser de otra forma, la actividad estrella era no hacer nada, tirarse en la playa y beber todas las cervezas que uno quisiera. Y nosotros esa actividad la cumplimos de sobra. Los precios de las actividades extras en el complejo hotelero eran muy elevados, pero hicimos una excursión de snorkel a una barrera de coral. Nunca hubiéramos imaginado algo tan bonito. Miles de corales, piedras de todas las formas y una variedad de peces indescriptibles. Vimos bancos de atunes a los que perseguían peces águilas y a su vez tortugas y tiburones de punta negra (no son agresivos y su tamaño no superarían el metro y medio) que perseguían a éstos (básicamente la cadena alimentaria en un vistazo). También vimos peces pequeños con cuernos y otros que tenían colores y rayas parecidas a los tigres.

Es difícil describir tanta belleza. Para culmen final pudimos ver un tiburón manta, una especie rarísima que el guía nos confeso que era la primera vez en su vida que lo veía y se dedicaba a eso desde hacía más de 15 años. Maldivas es el paraíso terrenal.

tiburon visto en la orilla
Cría de tiburón visto en la orilla.

Elegimos Maldivas aún sabiendo que era mala época con lluvias (septiembre), pero eso no impidió que disfrutáramos de todos los extras como pisicna privada y común, spa, gimnasio, servicio de habitaciones con mayordomo incluido (el nuestro se llamaba Jack y era un encanto), servicio de atención al cliente, snorkel y submarinismo. Como detalle por ser recién casados nos prepararon un baño de película en nuestra propia habitación y nos trajeron a la villa un desayuno a la mañana siguiente que recordaremos como el mejor de nuestras vidas. Os dejamos pruebas de esto y una selección de fotos de las que creemos que fueron las mejores en nuestros 5 días allí. Ya que no podemos viajar en confinamiento, que mejor que dejar volar nuestra imaginación…. Buen viaje chicos!

Irene sentada en la bañera con el mar de fondo y una copa en la mano
Baño para honeymooners
mejor desayuno en la habitación con la piscina de fondo de nuestro viaje de Kenia y Maldivas
Desayuno en la habitación
Mnaolo tirado en arena blanca y aguas turquesas de fondo
Relax en la playa
Irene flotando en aguas turquesas
Relax en Maldivas.
desde la cama vista del mar
Amanecer visto desde nuestra cama.
zumo de tomate y cerveza con picoteo con la playa de fondo
Picoteao al atardecer.
piña colada en la piscina
Piña colada en la piscina común.
Manolo en una mesa llena de cosas de desayuno
En la zona de desayunos.

Si queréis ver otros países cuyas playas no tienen nada que envidiarle a las que vimos en nuestro viaje de Kenia y Maldivas, os dejamos enlaces a Indonesia, Filipinas y una isla de Tailandia.

Nos encanta que nos compartas


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *